El asesino

El eco de sus pisadas resonaba en las oscuras callejuelas. Se encontraba lejos del centro de la ciudad, en una zona conflictiva, formada por calles desiertas y oscuros callejones. Los edificios que le rodeaban no eran muy altos, las calles estaban llenas de basura y los muros decorados con pintadas sobre el la anarquía, el fin del mundo, la política y toda clase de dibujos ingeniosos. Una pintada atrajo su atención mientras andaba, "Todo es mentira", esta es la cruda realidad, pensó para sus adentros mientras esbozaba una mueca de desagrado.

Una súbita ráfaga de viento hizo que su abrigo de cuero negro y su negra melena se agitaran. Mientras se dirigía hacia su objetivo, las extrañas palabras de sus jefes se le venían a la cabeza: "No le des tiempo a que diga nada, y si dice algo, no le escuches. No hagas caso a nada de lo que te diga". Extraña petición, pensó.

Cuando volvía de sus pensamientos, vio como una rata le observaba curiosa, asomada desde un callejon, como si supiera lo que iba a hacer.
El trabajo era sencillo, el objetivo no representaba ningún problema, seria rápido y fácil.
Llego a su destino, un motel de mala muerte, a la entrada, un seboso portero le preguntaba "que quería". Como respuesta, un orifico en el cráneo, el silenciador se encargo de la discreción. Poco le importaba que le vieran, en esta parte de la ciudad, todo el mundo iba a su rollo, nadie metía las narices donde no le llamaban. Pero siempre es mejor prevenir...

Habitación 16, su destino. Pegó la oreja a la puerta para saber cuantas personas había en la habitación y mas o menos donde estarían colocadas. Solo escucho la pulsación de la teclas de un ordenador.
Saco las ganzúas e intento forzar la cerradura la mas sigiloso que pudo. Click! ya estaba.

Abrió la puerta de una patada, pistola en mano y apunto al único hombre que había en la habitación, el hombre de la foto, su objetivo.
- Todo es mentira!!! grito el temeroso hombre que se encontraba al otro lado del cañón.
Pero la beretta lo silencio, un disparo rapido y certero en el corazón y listo.
Con su ultimo aliento el objetivo movió la mano hasta el teclado y pulso un tecla.

Debería haberse ido después del trabajo, pero la curiosidad le pudo. Mientras avanzaba hacia la pantalla del pc las cientos de fotografías, paginas y esbozos que tapizaban las cuatro paredes le llamaban la atención.
Dibujos de entes semihumanoides, indescifrables formulas matemáticas, fotografías borrosas, y extraños símbolos formaban el extraño colage.
Finalmente llego al ordenador y en la pantalla, unas palabras parpadeaban:
"Mensaje enviado".

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