Rondaba los 40 años y le empezaban a asomar canas por las sienes, su rostro era duro y su mirada inquisidora. Encima de la mesa de su despacho había una botella de wisky y un vaso medio vació. Sentado en la silla giratoria de su despacho examinaba su libreta de pistas.
Eugene Chateau: Desaparecido
Su mujer había entrado llorando en su despacho con 5000$ en la mano para que lo encontrara. Llevaba desaparecido tres días y su comportamiento las dos semanas anteriores a la desaparición había sido muy extraño, rozando la paranoia.
Cuando le pregunto porque no acudía a la policía, ella le contesto que Eugene no se fiaba de ellos, decía que no eran de fiar y que era posible que ellos vinieran a por el.
Al parecer todo empezó cuando Eugene, agente de seguros, fue a hacer visitas a domicilio para conseguir clientes. Algo debió ver en una de las casas que lo dejo perturbado.
Durante los días siguientes actuó como un paranoico, no salia de casa, miraba discretamente por la ventana para saber si lo espiaban, no contestaba al teléfono y se pasaba horas tumbado en el sillón de su despacho bebiendo.
Una mañana se fue a la biblioteca publica y se hizo con varios libros. Libros de física y metafísica, de teología y matemáticas y sobre todo, mapas y callejeros antiguos sobre la ciudad.
Pasaba horas encerrado en su despacho, sin comer, sin dormir, sin vivir...
Una mañana su mujer entro en su despacho tras forzar la cerradura, para poder ayudar a su marido a salir de ese trauma. La habitación estaba patas arriba, discos de ordenador partidos, el ordenador destrozado, libros con paginas arrancadas y quemadas en una papelera y Eugene no estaba, había desaparecido.
Tras seguir varias pistas, lo encontró en una iglesia, la iglesia de la verdadera fé. Se trataba de una secta precristiana que había sido reconocida por el vaticano. Su congregación se centraba sobre todo en estudiar el Genesis.
Al parecer la iglesia fue atacada hacia algunas noches, la habían prendido fuego y habían escrito blasfemias en todas las paredes.
Una pintada que se repetía mucho era "666, todo es infierno".
Durante el ataque, Eugene volvió a desaparecer, se volvió a esconder. pero gracias a un descuido por su parte, el detective pudo encontrarlo. Se había hospedado en la habitación 16 de un viejo motel en un barrio cerca de las afueras de la ciudad.
Pero cuando fue al hotel, se encontró con los bomberos apagando un incendio. Pregunto a uno de los agentes, un conocido suyo, y el agente le contó lo ocurrido.
A la noche siguiente fue al centro forense a ver el cadáver de Eugene. Estaba en la sala de autopsias junto con otro cadáver, el del dueño del motel, los dos habían muerto por disparo de un arma.
Pero había algo raro en el cadáver de Eugene, el detective no supo que era, pero algo le llamaba la atención. De repente sintió unas ganas irrefrenables de ir al cuarto de baño. Así que tras enterarse de donde había uno, salio disparado. Tras unos minutos en el escusado, salio y abrió el grifo del agua caliente para lavarse las manos, el vapor hizo que unas palabras aparecieran en el cristal del espejo.
"25th Baker street" y firmaban unas iniciales, E.C.
Puede que fuera otra cosa y no tuviera que ver con su caso, puede que esas iniciales no correspondieran a Eugene Chateau, pero su instinto le hizo ir a la dirección indicada.
Era una casa vieja y destartalada, aparentemente abandonada ya que tenia las ventanas tapiadas con tablones. La puerta delantera estaba también apuntalada con tablones, pero la trasera estaba abierta. Al entrar sintió como si el mal anidara en esa casa, sintió una oscuridad creciente, un malestar en todas las moléculas de su cuerpo, un miedo irracional que no lograba comprender, pero se armo de fuerzas y siguió.
Huellas de pisadas en el polvo que el detective siguió le condujeron al comedor. Era una habitación grande, con muebles tapados por sabanas, suelo de madera sin alfombra y cubierto por una capa de polvo. Al entrar en la habitación tuvo la sensación de que allí se habían cometido crímenes inhumanos, atrocidades salvajes que atormentaron su alma.
Y en el centro de la habitación, había un cubo.
Era un antiguo cubo negro lacado, estilísticamente inspirado en las cajas de rompecabezas de la antigua china, con una mano de obra sin precedentes y unos símbolos dorados que decoraban toda la caja.
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