El manitas

Había sido electricista durante varios años y tuvo que estudiar mecánica e hidráulica por necesidad. No contento con esto, también estudio electrónica y se había puesto a cacharrear con todo artilugio que caía en sus manos.
Con el tiempo había ganado mucha experiencia y la reputación de manitas. Cuando consiguió el dinero suficiente monto su propio taller y en el reparaba de todo, desde electrodomésticos, hasta maquinas industriales, pasando por cualquier tipo de vehículo.

Muchas empresas le llamaban en ocasiones para que les solucionara sus problemas. Aquella mañana, tenian que ir a una nave industrial a reparar una maquina de cortar mármoles. En aquella nave todos llevaban un mono azul de trabajo, un casco de seguridad obligatorio y unas gafas de protección.

Paso media mañana cuando levanto la vista de la maquina y vio a una mujer de largos cabellos rubios y un vestido rojo muy llamativo que se acercaba hasta donde el estaba. Nadie mas parecía percatarse de su presencia, lo cual le extraño mucho siendo una nave solo de hombres y que nadie se fijase en una chica tan atractiva.
La chica paso a su lado y le pareció que ella le susurraba "sígueme".
La siguió primero con la vista, hasta ver como atravesaba una puerta a sus espaldas (en la que no se había fijado) que daba a una habitación de la que parecía salir mucha luz, después la siguió caminando, detrás de ella.

Cuando entro en aquella habitación blanca un flash de luz le cegó. Cuando pudo volver a ver, se hallaba en la nada; no había techo, no había paredes, no había paisaje, sencillamente no había nada. todo blanco.

Se paso unos minutos andando en un suelo inexistente que parecía no tener fin, hasta que un nuevo susurro de la chica le hizo mirar a un punto, un punto rojo lejano en toda aquella nada.
"Allí esta" pensó antes de echar a correr por aquella nada. Corrió y corrió con intención de alcanzarla, pero a medida que se acercaba al punto se iba dando cuenta de que el punto rojo no era del vestido de la chica, si no de una puerta roja en medio de la nada.
Como era lo único que ver en aquel espacio fue hacia allí esperando encontrar una salida.

Tras lo que se le antojo una caminata eterna llego hacia la puerta. Era una puerta doble muy grande, medía como unos cinco metros de alto y tres metros de ancho. Tenia unos tiradores enormes y también rojos.
En el dintel de la puerta había una inscripción: "Los que entráis, abandonad toda esperanza"

Lamentablemente para el, esa puerta era ahora su única esperanza. Así que tiro con todas sus fuerzas de los tiradores para abrir las puertas...

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