El mendigo

Caminaba solo en la oscuridad de forma trabajosa debido a la enfermedad que estaba destruyendo su cuerpo.
Los síntomas eran falta de apetito, cansancio, pérdida de peso, debilidad. Los pacientes pueden sufrir náuseas y vómitos, estos últimos a veces con sangre.
Ademas algunas zonas de su piel tenían un tinte amarillo debido al exceso de bilirrubina. Es lo que tenia beber alcohol a todas horas, que el hígado se fastidiaba y se sufría de cirrosis.
Bebía vino para desayunar, vino para almorzar, vino para comer, vino para merendar y vino para cenar... y cuando tenia sed también bebía vino. Ademas era vino del malo, de ese que se compra en cartones de tetrabrick en cualquier supermercado.

Llevaba el pelo blanco por la avanzada edad, largo y alborotado, siempre vestía la misma ropa, no tenia nada mas, eso si, acompañada por lo que años atrás había sido un elegante abrigo y un gorro de lana medio descosido.
Las pocas veces que se encontraba con personas en la calle, sentía sus miradas despectivas clavadas en el, sentía su adversión y su desprecio, para ellos no era si quiera un humano, si no algo mas bajo.
Podía ser por su olor y suciedad, ya que llevaba mucho tiempo sin bañarse ni cambiarse de ropa y se movía muchas veces entre la basura, pero no, era simplemente por su condición inferior, por el Status Quo. Así es el ser humano, se desprecia a si mismo y desprecia a un mas a los que son diferentes a el. Era algo que había aprendido en la vida.

Hacia años había sido un reputado cirujano y su capital había sido cuantioso, pero una noche trágica en la que perdió a sus seres queridos le fue llevando por el camino de la depresión y después el de la locura.
Muchas veces pensó en el suicidio, en reunirse con sus seres queridos, pensó en la venganza, pensó en la justicia y cuanto mas pensaba en todo eso, mas caía su mente en la oscuridad de la razón y mas loco se volvía.

Un día todo cambio, en su locura encontró el conocimiento, la revelación, algo que cambio su mente, su forma de pensar. Ese día cogió su abrigo y salio de casa solo con lo puesto para nunca mas volver.
Fue al metro y se metió por túneles abandonados y alcantarillas y descendió a lugares donde el hombre de a pie no suele bajar.

Debajo de toda gran ciudad existe otra, formada por ruinas mas antiguas de la ciudad, por alcantarillados laberínticos, por estaciones y túneles de metro y de tren abandonadas, por antiguas catacumbas o por grutas y oquedades de la propia tierra.
Ciudades como Paris, Nueva York, Salamanca, Toledo y Barcelona son conocidas por sus subterráneos infinitos y laberínticos en los que es imposible no perderse.

Un mundo entero debajo de otro. Alli se fue el. Viviendo entre mendigos que habitaban los túneles, alimentándose de lo que podían (muchas veces alimañas de los túneles) y explorando los infinitos pasadizos que recorren la ciudad.
Allí encontró la paz, la serenidad, allí puedo escuchar el silencio, escucharse a si mismo y allí podía meditar.
Buda dijo que todas las respuestas del universo las conocía el ser humano, solo necesitaba meditar las preguntas para hallar las respuestas.
Y de la misma forma que Buda, aprendió los misterios del universo meditando, adquirió conocimiento, un conocimiento que pocos poseen.

Pero ahora había algo que tenia que hacer, moviéndose a duras penas, recorriendo pasillos infinitos, lúgubres pasadizos, enormes cuevas subterráneas siguiendo una voz que susurraba en su cabeza.

Escucho un movimiento detrás de el, pero no le presto mucha atención y siguió andando. Algo lo seguía, estaba seguro, pero el siguió andando.
Hasta que lo sintió tan cerca que tuvo que hacerle caso. Era un bicho gigante, una especie de escolopendra enorme, que se alzaba varios metros sobre su brillante cuerpo con sus amenazantes patas preparadas para un ataque.
Él solo susurró una palabra y prosiguió su camino, como si nada hubiese pasado, sin inmutarse ni un ápice.
Los restos del insecto gigante estaban esparcidos por el techo y las paredes de cueva.

 Cuando llegó a su destino había alguien esperándole, oculto entre sombras.
- Llegas tarde
- No llevo reloj -dijo con sorna- y aquí abajo es difícil percibir el paso del tiempo.
- Los han encontrado y los han reunido. Debes reunirte con ellos.
- Es el momento, empieza el juego.

Reza un viejo dicho que cuando el alumno esta preparado, el maestro aparece.  Es el momento y el viejo maestro acude a reunirse con sus alumnos.

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